miércoles, 25 de febrero de 2009

¡INVASIÓN DE SCOUSERS!


El centro de Madrid ha sufrido una invasión de irreductibles scousers en las últimas horas. ¡¡Parece como si viajara en el tiempo y volviera a estar en Liverpool!! Pero no..., es sólo la afición del Liverpool, haciendo honor a su himno You'll never walk alone, el Liverpool tendrá esta noche el apoyo de unos 6000 seguidores en Madrid. Por una vez, sin embargo, espero que los reds pierdan. Que seré scouser, ¡¡pero también madrileño!!

lunes, 16 de febrero de 2009

Frases para ligar y no morir en el intento

Las frases para ligar siempre han sido un misterio para mí, quizá por eso he tenido tan poco éxito. En cuanto una chica me interesa, mi mente se bloquea y sólo me salen estupideces o cosas sin interés. Por eso siempre me han fascinado esas personas con facilidad de palabra, que parece que aumente de manera exponencial con el atractivo de la chica con la que hablan. Y yo siempre me pregunto lo mismo: ¿qué les dicen que les hace tanta gracia a las chicas?, ¿cómo inician la conversación? Me dicen que nada especial, lo primero que se les ocurre. Pero no me lo creo. Voy a comentar dos de esas frases con las que algunos tienen el éxito asegurado. Son auténticas cumbres del ingenio y del lenguaje.

-Frase 1: Pongamos, por ejemplo, que estás en un bar/discoteca/lugar en el que gente desconocida empieza a hablar entre sí sin que quede raro, y encuentras a una chica/o que te guste. Los atrevidos, en ese momento, se lanzan sobre la presa. Y claro, en un momento u otro (a no ser que estemos hablando de una película) se presentan. Y he aquí el momento en el que lanza la frase, cuando te juegas el todo por el todo, el polvo por la noche o un nuevo solitario: “Me llamo Ramón (por ejemplo). Acuérdate de este nombre, porque dentro de dos horas lo estarás gritando de placer.”
La pregunta que una persona tímida como yo se hace es: ¿quién puede ser tan presumido como para presentarse así? Pues sólo los muy presumidos o los muy seguros de sí mismos, aquellos que cimentan su seguridad en la certeza, comprobada, de que, efectivamente, lo van a gritar de placer.
Me surge a continuación otra pregunta, ¿puede tener éxito una frase así? Yo pensaba que no, pero a una amiga le hizo gracia, y me dijo que si un chico se lo dijera, ella le haría caso. Mis ideas cambiaron. Y ahora que lo pienso, si se me presentara alguien así, ¿no tendría yo interés en esa persona tan presumida y que tanto promete?

-Frase 2: Esta me la dijo el otro día María, sacada de una guía para ligar de una revista para quinceañeras salidas (cierto, el adjetivo sobraba). Auténtica cima del descaro, es directa y prometedora para todos aquellos que carecen de problemas con las primeras citas.
La situación es similar. Lugar de esparcimiento público en el que se espera que absolutos desconocidos se presenten y se pongan a hablar entre sí para acabar haciendo cosas que jamás harían con sus familiares. Y es entonces cuando se acercan y uno dice: “No tengo pelos en la boca porque tú no quieres”.
Directo como un derechazo de Tyson, es toda una declaración de guerra, una demostración de que estás dispuesto, en la primera noche, a todo, desde un simple misionero a un trío con shemale incluida dándote por donde nada debería entrar.
Habrá quién diga que es zafio, grosero, pueril y decadente. Y seguramente tienen razón… Pero que te lo digan a las cinco de la mañana después de un año sin mojar y entonces ya veremos…

lunes, 2 de febrero de 2009

Cuando viví una película

Estaba yo viendo una película (de esas romanticonas que me gustan a mí) y no pude evitar pensar: “¡Ey!, ¡yo he vivido esto!” (bueno, aunque no como mujer):

“Here it is, one more, one less. (...) I really loved this one.

When I think that it's over, that i'll never him see like this again. Well,yes, i'll bump into him, or i'll meet his new girlfriend and act as if we have never been together.

Then we'll slowly think of each other less and less, until we forget each other completeley. Almost.”

viernes, 30 de enero de 2009

Cambiar el mundo

Hay románticos incurables que creen que el mundo puede cambiar por una canción. Tres o cuatro minutos, hechos con letra y acordes, que lo trastocan todo: las esperanzas, las promesas, los miedos e incluso la realidad. Es una visión extraordinariamente vitalista, creer que creaciones humanas hechas desde el sofá de una casa cualquiera pueden mover a otras personas a cambiar, a luchar por mejorar este mundo tan imperfecto.
En mi caso nunca podría ser una canción. Apenas sé disfrutarlas y apreciarlas. Esa tarea le debía corresponder a un libro. Y en el otoño de 2006 di con él. Lo descubrí en una pequeña columna de un suplemento cultural. Goran Petrovic y La mano de la Buena Fortuna me impactaron como nada lo ha hecho en mi vida, cambiando mi actitud, mis fantasías y aspiraciones. De nada me servía lo que pensaba hasta entonces, mis principios sufrieron una revolución completa. En cierta medida, ese libro cambió el mundo, ya que soy yo una pequeña parte de él y desde que lo leí no puedo dejar de creer en la magia, en la miseria de lo material y lo elevado de lo sensible. Y mis mejores ideas e impulsos desde entonces vienen sugeridos por ese libro y ese autor.
Mis gustos cambiaron desde entonces. Con Petrovic descubrí la brillante literatura serbia en particular y del este de Europa en general. Es verdad que ya había descubierto y admirado a Ismail Kadaré, pero otros autores del este me estaban disuadiendo de seguir por ese camino. Pero gracias a ese libro, pude descubrir a Danilo Kis, Mirolad Pavic o Miljenko Jergovic, entre otros muchos que han hecho mis delicias desde entonces.
Serbia y el resto de los Balcanes se han convertido en mi región fetiche, un lugar en el que, en mi imaginación, las ciudades están llenas de poetas bohemios, volcánicas aficiones y brillantes jugadores de baloncesto. Belgrado es una capital que quiero conocer, y a falta de viajar hasta la ciudad, me tengo que contentar que ver las preciosas imágenes de este fotógrafo (en mi mente es una fotógrafa).
Y ahora soy feliz, porque, después de más de dos años esperando, por fin tengo entre mis manos el segundo libro de Petrovic, Atlas descrito por el cielo, tan mágico como el primero, tan hermoso y cuidado, con otras tantas frases que contienen toda la belleza del mundo. Acabo de descubrir que una simple enumeración puede encerrar tanta poesía como los versos de Garcilaso, tanta belleza como la mujer de mis sueños. Compuesto de numerosas notas explicativas, cuadros y cortos capítulos, en sus páginas el mundo es como esas primeras palabras de Cien años de soledad, algo tan reciente que muchas cosas carecen de nombre.
«Al igual que una mariposa que al atravesar el alba en su vuelo se lleva sobre sus alas dicha mañana hasta el mediodía, nuestras historias fueron desenredadas cien amaneceres más tarde, con la llegada de un viajante parlanchín...»

martes, 13 de enero de 2009

Sobre la guerra Israel-Palestina

Hace dos semanas, la locura volvió a adueñarse de Oriente Próximo, donde parece que no pasa el tiempo y seguimos con los mismo problemas de hace décadas. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Creo que, una vez más, para entender mejor la situación, debemos retroceder en el tiempo.
A finales del siglo XIX, a resguardo del triunfo del liberalismo, los judíos habian conseguido una relativa seguridad en la mayor parte de Europa. Donde antes eran perseguidos y asesinados, ahora eran respetados y, en ocasiones, creaban grandes fortunas (como muestra el caso de los Rosthchild). Sin embargo, el antisemitismo seguía latente: pogromos en Rusia, ataques en Alemania, el caso Dreyffus en Francia, demostraban que, aunque tolerados, los judíos seguían en situación de inferioridad con respecto al resto.
En esta situación, nace el sionismo, el sueño de crear una patria para los judíos, diseminados por el mundo entero y perseguidos en todas partes. Esta idea fue consiguiendo adeptos, siendo financiada por las grandes fortunas judías. Dicha patria, Sión, debía estar ubicada donde lo había estado en el pasado: Palestina, territorio dominado entonces por el Imperio turco y, tras la Primera Guerra Mundial, por Inglaterra. Durante los últimos años del siglo XIX y principios del XX, numerosos judíos comenzaron a trasladarse a Palestina, la Tierra Prometida a donde volvían tras casi veinte siglos alejados.
Después, vino la Segunda Guerra Mundial.
Las grandes potencias se preguntaron en 1945 como compensar a los judíos por su tragedia. Finalemente, decidieron concederles un estado, en un territorio controlado por Inglaterra y en el que sus intereses económicos no eran todavía de gran importancia. Se trataba, además, del mismo que los judíos reclamaban. Tan maravillosa idea tenía una única objeción: los palestinos se asentaban en el mismo lugar y aspiraban, también ellos, a formar su propio estado con los territorios que eran concedidos, graciosamente, a los judíos. Las potencias, en un ejercicio de ilusionismo político, decidieron instalar en el mismo territorio dos estados distintos.
El nuevo estado de Israel se formó en 1948, y la respuesta de sus vecinos musulmanes fue una guerra inmediata, en el que las tropas coaligadas de Egipto, Líbano, Siria, Iraq y Jordania atacaron por sorpresa al recién nacido estado, ya que no lo reconocían como estado, considerándolo una imposición de las potencias. Sin embargo, Israel repelió el ataque con facilidad, y en los tratados de paz posteriores amplió su territorio, mientras que Egipto y Jordania se hacían con Gaza y Cisjordania.
Se sucedieron durante los años posteriores las guerras, casi todas iniciadas por sus vecinos árabes (menos la de 1956 contra Egipto, y, en sentido estricto, la Guerra de los Seis Días, iniciada por Israel ante el temor de un nuevo ataque conjunto de todos sus vecinos), que seguían sin reconocer el derecho de Israel a existir e insistían en crear un estado árabe en esas tierras. Israel obtuvo nuevos territorios, como Gaza y Cisjordania, y cuya posesión hoy en día por Israel es vista como un impedimento para la paz. El único mandatario árabe que se atrevió a establecer reconocer a Israel y establecer relaciones diplomáticas fue Anwar el Sadat, y como trágico resultado de su iniciativa fue asesinado.
Desde entonces, los ataques a Israel provienen de grupos palestinos, terroristas para unos y luchadores por la libertad para otros. Su falta de medios les obliga a atacar con suicidas cargados de bombas o con lejanos cohetes. A esto los israelíes responden con toda la potencia de la que son capaces. No respetan la vida de los civiles, no tienen problema en matar a niños, si con ello acaban con sus objetivos militares.
Desde mi punto de vista, Israel ha vivido, desde su inicio, bajo la amenaza constante de unos vecinos que la odian, dispuestos a la guerra para acabar con ella. Ha vivido bajo la amenaza constante de eliminación, y eso motiva su reacción brutal cuando es atacada. Los ataques palestinos se suceden regularmente y nadie ha dicho nada de ellos, no son condenados ni criticados. Solo se habla de los excesos de Israel, olvidando que Israel no habría empezado nada si no se hubieran lanzado misiles desde Gaza. Quizá no sean muy efectivos, pero no es el deber de un estado, Israel en este caso esperar a que el enemigo esté bien armado y capacitado para atacarle, sino defender a sus ciudadanos.
El objetivo de Israel es vivir tranquilamente y en paz por primera vez en décadas para ese estados, por primera vez en siglos para los judíos. ¿Tienen los palestinos el mismo objetivo?

martes, 6 de enero de 2009

...Y fin

Ella: Abrázame ahora, esta noche y todas las noches.
Él: No puedo, ya he olvidado como se amaba.

viernes, 2 de enero de 2009

Una semana

Se conocieron un sábado en una fiesta. Se contaron muchas cosas y se gustaron.
Un viernes hicieron el amor por primera vez, en blancas sábanas que hasta entonces no habían visto nada parecido.
Él lloró delante suyo solamente un jueves.
Los miércoles miraban al cielo.
Los martes no ocurría nada especial; eran los mejores días juntos.
Los lunes, para coger fuerzas, soñaban abrazados el uno junto al otro.
Después de semanas de dudas, lo dejaron un domingo.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Demencia

Desvarío cuando el agua se cuela dentro…
La casa está hecha de madera y los cimientos son ya muy viejos. El techo está podrido y en los días de tormenta todo se llena de agua. Frío, siento mucho frío cuando esto ocurre, mi casa es frágil y enseguida se constipa. Oigo voces en mi interior: “Los cuervos sobrevuelan la casa… la serpiente se escurre dentro por pequeños huecos… el agujero se estrecha… un lindo gatito ronronea en el alféizar…”
Los faros se apagan en medio de una calle que no conozco. Apenas salgo del coche y mis dedos aprietan con fuerza la pistola y apunto a la primera figura que descubro. La lluvia golpea con tanta fuerza contra el suelo que yo mismo soy incapaz de oír la detonación. Apenas me detengo para ver caer el cadáver del infeliz. Debo tapar los agujeros si quiero que acabe.
No sé donde encuentro un portal abierto y me cuelo dentro. Hay luz y hace calor, empiezo a subir por las escaleras y andar por los pasillos, pero en algún lugar se me nubla la vista y ya no recuerdo nada más.
Me despierto más tarde, rodeado de gente desconocida. Visten trajes caros, llevan frágiles copas en sus manos y me miran entre curiosos, atentos y sorprendidos. Delante de mí hay una mujer que me habla, pero no logro entenderla, aunque parece amable. Empiezo a recobrar la consciencia y descubro aliviado que me han quitado la ropa húmeda y me han puesto una manta por encima, ahora me traen una taza de café caliente. Murmuro unas palabras de agradecimiento por las atenciones que me están dando, un poco abochornado ya que no puedo recordar la última vez que alguien me cuido de esa manera.
Han pasado los minutos y la gente ya se ha olvidado de mí, pero la mujer sigue a mi lado por si necesito cualquier cosa. Me ha traído otra taza de café y yo rehuyo su mirada. De repente se oye un pequeño crujido sobre nuestras cabezas. En el techo hay una claraboya desde la que se ve la noche y el agua de la lluvia.
-Debería haber insistido en que vinieran hoy a arreglarla –dice la señora a mi lado-. El otro día vimos que se había roto un poco y se ha colado un poco de agua. No mucha, pero con esta lluvia, temo que acabe de romperse del todo y nos inunde.
En ese momento, muevo mis pies sobre la alfombra y la noto húmeda y fría, justo como una gota que acaba de caer sobre mis pies. Levanto la vista aterrado, mientras la mujer continúa:
-No se preocupe, podremos guardarnos en otras…
Oigo voces dentro. Después, solo recuerdo gritos.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

¡Perrea, perrea!

Hacer cosas está sobrevalorado. Para mí la mayor expresión de felicidad que hay en este mundo es poder hacer nada, estar tirado durante un par de horas en el sofá de mi casa, rascándome la barrida o pensando en el origen de la catapulta infernal de los gemelos Derrick. Hasta hace poco esto era un signo de distinción; "es un caballero, entonces", se decía para describir a estas personas.
Sí, es verdad, no es bueno estar mucho tiempo así. Más de dos días sin ocupación, en pijama o chándal, y se entra en un peligroso ensimismamiento. Pero esto es como todo en la vida, hay que saber dosificarse. De la misma manera que no puedes comerte tú solo un buey entero, por muy bueno que esté, tampoco conviene abusar de hacer nada.
Hacer nada es una actividad sumamente elitista, que requiere una preparación y condiciones previas. Quizá, entre éstas, la más importante sea la posibilidad de hacer muchas otras cosas, todas interesantes. Ante todas esas alternativas, sin embargo, uno decide hacer nada. Hacerlo por obligación es una tarea hercúlea, que acaba pronto con nuestro ánimo. Así que, primero de todo, debe ser voluntario.
Es una ocupación tan loable como cualquier otra, ya que, entre otras muchas virtudes, nos permite desconectar y evadirnos. Aquel que se puede entregar con liberalidad a una par de horas (¡o una tarde entera, si se quiere!) a hacer nada, no es un irresponsable, sino alguien con la suficiente madurez como para saber que hay tiempo para todo, que debemos distanciarnos a veces de lo que nos rodea.
Parafraseando a Kipling, podemos decir que si eres capaz de estar una tarde sin hacer nada, ¡serás un hombre!
No sé vosotros, pero yo me voy a tirar un rato en el sofá.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Al que lee...

Le llamamos Ismael. Sabrás que nació con el don de la risa y la intuición de que el mundo estaba loco. Y que ese era todo su patrimonio. Supo evitar el burgo de Meung el primer lunes de abril de 1625, puesto que no quería entrar en la pelea. Una noche lluviosa, mientras huía de espectros, se hospedó en el Poney Pisador, donde esperó en vano a un amigo. Supo siempre que no debía hacer caso de viejos que se emborrachan mientras cantan: “¡Yojojó, y una botella de ron!” Ha evitado en todo momento las malas compañías, porque, lo ha oído, todos lo dicen en voz baja, Quien-tú-sabes ha vuelto.
Una vez, en Londres, se metió en líos. Pero en el 221B de Baker Street encontró toda la ayuda que podía necesitar. Para contar sus buenas noticias a un amigo lejano, envió a un correo ruso, fiel cumplidor del deber, con un corazón de oro, que llega a cualquier lugar, aunque no pueda volver a ver las cosas de la tierra.
Siempre hubo una canción de los Beatles que le recordó los días dorados de la juventud, los primeros amores que sintió. Vivió siempre y, por supuesto, siempre tiene un libro cerca, para encontrarse con otros lectores y querer a toda costa a una sola persona.